El madridismo vivió un Miércoles Santo de pesadilla. Esta vez no hubo un nuevo milagro en el templo blanco. De los decibelios disparados, con constantes cánticos de “¡sí se puede!”, se pasó una mayúscula decepción por el rotundo fracaso de la ‘operación remontada’. De nada sirvieron los mensajes de optimismo de los jugadores, de leyendas merengues, de vídeos motivacionales del Real Madrid y de sus canales afines, etc…El público merengue, silenciado en varias fases del encuentro por 4.000 eufóricos hinchas del Arsenal, terminó de perder totalmente la fe cuando Bukayo Saka terminó de sentenciar la eliminatoria con su gol mediada la segunda parte.
