“Nuestra previsión para el crecimiento del PIB de EEUU en 2026 es el doble de la cifra consensuada por Blue-Chip, que se sitúa en el 1,5%. Nuestra confianza se basa en la creencia en la capacidad de resistencia del gasto, tanto por parte de los particulares como de las empresas”.
De hecho, el analista pone el foco en que es bien sabido que el gasto de los consumidores es fundamental para la salud de la economía estadounidense, ya que representa alrededor del 70% del PIB. “Lo que no se conoce tanto es la desproporcionada proporción que aportan los estadounidenses más ricos: el 10% con mayores ingresos representa la mitad del gasto total”.
“Esta cohorte, que parece ignorar la inflación, está detrás de las fuertes ventas minoristas de este año, compensando la disminución de la contribución de los consumidores de menor poder adquisitivo, muchos de los cuales están pasando apuros debido a la inflación y al debilitamiento del mercado laboral. Esperamos que la temporada navideña siga la misma tendencia, otra opinión que se aleja del consenso. Además, impulsados por la solidez del mercado bursátil y los altos precios de la vivienda, los compradores de gama alta deberían seguir marcando la pauta el año que viene“, señala Orlando.
Con todo, al hacer referencia al crecimiento de la economía de EEUU es imposible dejar al margen los aranceles de Donald Trump. En este sentido, en Federated Hermes destacan que las tarifas son siempre temporales, ya que son herramientas de la política gubernamental, por lo que está sujeta a cambios.
“Las agresivas negociaciones de la administración Trump están sin duda remodelando la estructura del comercio mundial. Pero hasta que no se alcancen acuerdos comerciales, las tendencias de inversión serán fluidas. Más importante para 2026 es el impacto de los aranceles en el crecimiento del PIB y la inflación”.
Por ello, “prevemos que los aranceles tendrán un menor impacto en el crecimiento el próximo año, coincidiendo con la Fed en que solo tendrán un efecto inflacionista temporal. Y si los ingresos relacionados con los aranceles alcanzan las previsiones de la administración -potencialmente 300.000 millones de dólares al año-, entonces el PIB crecerá por simple matemática, ya que las exportaciones netas forman parte de sus cálculos”, asegura Orlando.
DOMINIO DEL DÓLAR
Por otro lado, en 2025, el dólar estadounidense atraviesa su fase de debilidad más pronunciada en más de una década. Tras años de revalorización estructural, la tendencia se ha invertido con la llegada al poder de la nueva Administración estadounidense.
Es más, el dólar ponderado por el comercio exterior se ha depreciado de forma notable tanto frente al euro como frente a numerosas monedas de mercados emergentes. Paralelamente, el precio del oro, medido en dólares, ha experimentado un aumento excepcionalmente fuerte.
Para Werner Krämer, economista de Lazard Asset Management en Alemania, esta evolución no es casual: “La debilidad del dólar estadounidense refleja los efectos disruptivos de un reajuste de la política interior y exterior que pone en tela de juicio elementos centrales del orden mundial actual. Estamos asistiendo a la primera prueba de fuego real para la moneda de referencia mundial, provocada no por choques externos, sino por autolesiones políticas”.
Y es que para el experto, uno de los principales factores de presión es la creciente duda sobre la estabilidad fiscal de EEUU. “Con el ‘One Big Beautiful Bill’, Washington ha aprobado un programa de gastos que carece de cualquier tipo de financiación”.
A ello se suma una polarización política cada vez más acusada. El debate sobre el papel y la independencia de la Reserva Federal (Fed) inquieta a los inversores. “El dólar estadounidense está perdiendo parte de su base política, que se ha mantenido estable durante décadas”, advierte Krämer. “Esta incertidumbre se refleja cada vez más en la moneda”.
En este contexto, desde la firma esperan que la debilidad del dólar persista en los próximos trimestres, aunque sin derivar en una crisis. “Es probable que la Fed continúe bajando los tipos de interés, aunque lo hará previsiblemente a un ritmo más prudente, mientras que el BCE y el Banco de Japón se acercan a sus puntos de inflexión en materia de política monetaria o ya los han superado”.
“Esto apunta a un ajuste gradual, no a una caída abrupta”. “No vemos un colapso del dominio del dólar estadounidense, sino una reevaluación realista. El dólar seguirá siendo la columna vertebral del sistema financiero mundial, pero los inversores le asignarán una prima de riesgo algo más alta en el futuro y adaptarán sus estrategias de cobertura en consecuencia”, concluye Krämer.
