El regreso de la saga ‘Torrente‘ ha vuelto a poner sobre la mesa un debate que lleva años rondando al cine español: qué hacemos hoy con el humor de Torrente. Cuando Santiago Segura estrenó la primera película en 1998, su propuesta funcionaba como una parodia grotesca de lo peor del país: un policía corrupto, machista, racista y orgullosamente miserable. El problema es que, con el paso del tiempo, ese retrato ha perdido parte de su distancia satírica.
Lo que en su momento podía leerse como una exageración incómoda a día de hoy se queda en algo simplemente rancio, repetitivo y agotado. Más que provocar una reflexión sobre el personaje, ‘Torrente Presidente‘ me dejó la sensación de que simplemente estaba reciclando los mismos chistes rancios de siempre, confiando en una provocación que ya no sorprende y en un tipo de humor que parece cada vez más fuera de época.
Está caducado
El principal problema es que el humor de ‘Torrente’ se basa en una provocación que ya no sorprende fresca. La saga siempre ha jugado con el exceso -bromas groseras, estereotipos y chistes incómodos-, y aunque al principio era bastante fresco, ese recurso pierde fuerza cuando se repite durante décadas sin evolucionar. Lo que en los noventa podía parecer transgresor hoy se percibe más bien como una fórmula agotada.
Además, la sátira depende mucho del contexto. Originalmente, el personaje funcionaba como un espejo deformado de ciertos comportamientos sociales, una caricatura repulsiva. Pero cuando el chiste se repite película tras película, el riesgo es que deje de parecer una crítica y se convierta simplemente en una acumulación de tópicos.
‘Torrente Presidente’ es un ejemplo de esa sensación de desgaste. La película recurre a muchos de los mismos mecanismos cómicos que la saga ha usado durante años, pero sin aportar una mirada nueva ni una reinterpretación del personaje.

También está la cuestión de cómo ha cambiado el público. El cine es un reflejo de su época, y lo que funcionaba hace 25 años no necesariamente conecta de la misma manera hoy. Aunque ‘Torrente’ sigue apoyándose en la misma fórmula.
Y quizá lo más triste es precisamente eso: que este tipo de humor siga funcionando de la misma manera. No porque alguien no pueda reírse de lo que quiera, sino porque da la sensación de que la comedia podría aspirar a algo más que repetir una y otra vez los mismos chistes rancios. Que casi treinta años después el personaje siga explotando la misma fórmula no habla tanto de su vigencia como de lo difícil que parece dejar atrás ciertos hábitos.
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La noticia
Hace mucho que el humor de ‘Torrente’ dejó de provocar. Creo que pertenece a otra época y que debería evolucionar y dejar de oler a rancio
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por
Belén Prieto
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