Artemis II marcará el inicio de una nueva era en la exploración humana del espacio. La misión de la NASA llevará a cuatro astronautas durante aproximadamente diez días alrededor de la Luna, sirviendo como antesala de Artemis III, que sí pretende llevar astronautas a la superficie lunar por primera vez desde el Apolo 17, la última misión tripulada a la Luna del programa Apolo de la NASA.
Uno de los aspectos destacados del episodio es la creciente implicación española en la exploración lunar, tanto a nivel humano como tecnológico. Hace apenas unos días, el podcast de Onda Cero Esto no ha pasado, de la mano del periodista Mario Viciosa, tuvo la oportunidad de entrevistar al científico español Eduardo García Llama, responsable del sistema de guiado y control de la nave Orión en la misión Artemis.
Representación española desde Houston
García Llama, con base en el Centro Espacial Johnson de la NASA, desempeña un papel clave en el control de misión en Houston. Su trabajo se centra en la gestión de situaciones críticas y en la supervisión de sistemas durante fases especialmente delicadas, como la separación de la nave Orion, la inyección translunar o la reentrada atmosférica. “En Houston hay dos equipos. El nuestro, en el que estoy yo, tiene como función principal resolver crisis”, explica el ingeniero.
Describe la complejidad operativa y la presión constante, teniendo en cuenta que “la seguridad de las tripulaciones es lo primero, por lo que es lo que marca las decisiones de ingeniería y, obviamente, los aplazamientos de la misión”, como ha ocurrido con Artemis II en varias ocasiones.
También relata cuáles son los momentos más críticos y más importantes del lanzamiento. “Cuando se produzca lo que llamamos la inyección translunar, el TLI, ese es el momento en el que la nave Orión, estando orbitando alrededor de la Tierra, ejecuta ese encendido de su motor principal que lo lanza hacia la Luna”, cuenta.
Desvela que, para él, “ese momento es muy significativo y tiene un profundo significado humano, porque realmente cuando se da ese Go for TLI, ese ‘estáis autorizados a ejecutar esta inyección translunar’, lo que se les está diciendo realmente es: estáis autorizados a abandonar vuestro mundo. Eso es un poco la traducción humana de esa instrucción que puede resultar un poco críptica”.
Además, recuerda que, pese a los avances tecnológicos, la incertidumbre sigue siendo inherente a la exploración espacial. Lo describe como “situaciones inesperadas que pueden surgir en cualquier momento”.
Participación española a nivel industrial
En el plano material, España participa activamente en Artemis II a través de varias empresas del sector aeroespacial. Compañías como Airbus, GMV, Alter Technology y HV Sistemas contribuyen al desarrollo de sistemas críticos, especialmente en el Módulo de Servicio Europeo de la nave Orion, encargado de funciones esenciales como el control térmico, el suministro de aire y agua o la gestión energética.
Este ha sido desarrollado por primera vez por una empresa no estadounidense. Dentro de este módulo, una de las partes, considerada el núcleo de supervivencia de la nave, ha sido diseñada y fabricada íntegramente en las instalaciones de Airbus-Crisa en la sede de Tres Cantos (Madrid). En concreto, dos Unidades de Control Térmico (TCU), que controlan la temperatura dentro de la nave y regulan el suministro de agua y aire para los astronautas en un entorno donde se pueden alcanzar los 200 grados bajo cero.
Además, España participa en el seguimiento de la misión desde tierra. La Universidad de Sevilla, en colaboración con la empresa Integrasys, ha sido seleccionada por la NASA como estación de monitorización. Desde allí se rastrea la trayectoria de la nave mediante sistemas de antenas y análisis de datos en tiempo real, como el efecto Doppler.
El ingeniero García Llama subrayó la enorme complejidad de la misión, destacando que viajar a la Luna supone un salto cualitativo respecto a operaciones en órbita terrestre. Mientras que la Estación Espacial Internacional se encuentra a unos 400 kilómetros de altitud, la Luna está mil veces más lejos, lo que multiplica las dificultades técnicas.
