Viendo las imágenes al finalizar el partido, cualquiera hubiera podido entender que había ganado el Girona en El Parque de los Príncipes. Los casi 1.000 desplazados saltaron con sus bufandas más que nunca cuando el colegiado del encuentro dictaminó el final del estreno de Champions. Como si la derrota no importara, con la cabeza alta y el orgullo intacto, los desplazados se sintieron de aquel modo que tanto pide Míchel, representados por la totalidad de los jugadores. El equipo dio la cara durante los 90 minutos, aguantando los vendavales de un PSG que cada año parte con presión por hacerse con la ‘orejona’. Sin embargo, aquel grupo de jugadores que vino a disfrutar de la competición, mostró su seña identitaria, sabiendo sufrir y disfrutando del momento en muchos períodos del juego.
