“Sentimiento de insatisfacción o fracaso”, dicta la RAE para definir el término ‘frustración’. Con decepción, desilusión, desengaño, desencanto, chasco y fiasco propuestos como sinónimos. Pero este miércoles hubiese bastado con poner una foto del once con el que formó el PSG ante el Liverpool. Más de los jugadores que de Luis Enrique, porque al asturiano, pobre, entre poco y nada se le puede reprochar. Los más quisquillosos dirán que sí se le puede culpar de haberse empeñado en que en su plantilla no haya superestrellas. Porque ese tipo de futbolistas son los que, en partidos como el de anoche, marcan la diferencia con un chispazo. Pero incluso eso se antoja injusto con un técnico cuyo plan de partido fue capaz de desnaturalizar por completo a un Liverpool de Arne Slot que camina firme hacia la consecución de la Premier League y acabó en lo más alto de la clasificación de la Fase Liga de esta Champions.
