Aston Martin y Honda han tocado fondo. Ya no es solo que las prestaciones del coche sean deplorables, que también. Es que han construido un coche realmente peligroso para la integridad física de sus pilotos.
El AMR26 es un monoplaza lento, muy lento, y peligro, muy peligroso. Prueba de ambas cosas ha sido la carrera del Gran Premio de China. Tras haber solucionado los problemas de fiabilidad a costa de reducir el rendimiento, todo parecía indicar que iban a poder completar las 56 vueltas de la prueba.
Sin embargo, alrededor de la vuelta 20, las vibraciones del monoplaza comenzaron a ser un serio problema para el piloto español. Alonso se vio forzado a incluso tener que soltar las manos del volante en las rectas para que los latigazos no le produjeran daños físicos, algo insólito en la F1 moderna.
“No creo que hubiera podido terminar la carrera en ningún caso. El nivel de las vibraciones era bastante elevado hoy. Desde la vuelta 20 a la 35 estaba sufriendo bastante para sentir mis manos y mis pies e íbamos una vuelta por detrás, últimos, así que no tenía mucho sentido seguir rodando”, señaló.
“Fue peor que ningún otro día del fin de semana, aunque sinceramente algunas de las medidas que tomamos fueron artificiales. Al bajar las revoluciones del motor todo vibra menos, pero en la carrera tienes que ir a altas revoluciones si quieres tratar de adelantar o recargar, así que con el tiempo se vuelve más difícil y exigente”, agregó en unas declaraciones recogidas por ‘AS’.
El asturiano no dudó tampoco en criticar este nuevo reglamento que tantos problemas de fiabilidad está dejando: “Cuatro coches no tomaron la salida, ese es probablemente el peor espectáculo que se puede dar“.
“Las salidas son divertidas, también lo fue en Australia. Cuando todos tenemos el mismo nivel de batería en la primera vuelta, llena, el coche sale bien. Pero luego entramos en el campeonato del mundo de baterías y ahí no somos tan buenos como los demás”, sentenció.
