Un equipo internacional de investigadores ha arrojado nueva luz sobre uno de los hallazgos arqueológicos más inquietantes de la prehistoria europea: una fosa común en la ciudad serbia de Gomolova con decenas de mujeres y niños asesinados hace unos 3.000 años. Gracias a técnicas modernas de análisis genético y estudios multidisciplinares, los científicos han podido reconstruir parte de lo ocurrido y descartar algunas de las hipótesis que se manejaban desde hace décadas.
La investigación fue comentada en el programa La Rosa de los Vientos de Onda Cero, conducido por Bruno Cardeñosa y Silvia Casasola, donde contaron con la participación de la investigadora Miren Iraeta Orbegozo, especialista en genética de la Universidad de Lausana (Suiza).
Un hallazgo que desconcertó a los arqueólogos
La fosa común fue excavada originalmente en los años 70 en el norte de Serbia. En ella se encontraron decenas de esqueletos, datados en torno a la transición entre la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. Desde el principio, el hallazgo llamó la atención de los arqueólogos. “Ya vieron que había una demografía que no estaba equilibrada, que había más que nada mujeres y niñas y niños, pero que faltaban los hombres adultos”, explica Iraeta Orbegozo durante el programa.
Ante la falta de pruebas concluyentes, la primera hipótesis que se barajó fue que las víctimas habían muerto por una epidemia. Sin embargo, los avances científicos de las últimas décadas han permitido revisar el caso con nuevas herramientas. El nuevo estudio ha analizado el ADN antiguo de los restos humanos y ha combinado estos datos con estudios de antropología física, análisis de isótopos y dataciones mediante radiocarbono.
La investigadora explica que “en el estudio no solo hemos trabajado la genética, sino que es un trabajo multidisciplinar“, explicó la investigadora. “Hay especialistas en antropología, en análisis de isótopos, dataciones de radiocarbono, gente que trabaja la metalurgia y arqueólogos que conocen muy bien el contexto”.
La genética revela una muerte violenta
Los resultados descartan la teoría de la enfermedad, ya que los restos presentan lesiones compatibles con una muerte violenta. “Lo que vemos es una situación de asimetría”, explicó Iraeta Orbegozo. “Muchas de las lesiones se concentran en la parte posterior o superior del cráneo y esto sugiere que algunas víctimas pudieron estar de espaldas, huyendo o arrodilladas“.
El análisis demográfico ha confirmado que las víctimas eran mujeres adultas, niñas y niños. Para los investigadores, esto apunta a una posible matanza deliberada con un objetivo concreto. “Atacar a mujeres y niños no parece un efecto colateral, sino una forma de dañar la continuidad del grupo rival”, señaló la científica. “Así acabas con su reproducción biológica, pero también con sus redes de cuidado y su cohesión social”. En otras palabras, podría tratarse de un intento de destruir por completo a una comunidad rival.
Otro aspecto que ha llamado la atención de los investigadores y contrasta con la teoría de la muerte violenta es el enterramiento de los cuerpos: la mayor parte de los cadáveres fueron enterrados “con cuidado”, algo poco habitual en las fosas comunes. “En muchas fosas comunes vemos que los cuerpos se tiran sin respeto, pero aquí vemos algo muy diferente”, explicó la investigadora. “La manera de depositar los cuerpos es bastante ordenada, incluso con cerámicas, objetos metálicos o restos animales”.
Por esta razón se ha planteado una incógnita importante, pues no se sabe si las personas que enterraron a las víctimas eran los mismos que las mataron o si pertenecían a su propia comunidad. Esto encajaría con la falta de hombres adultos entre los cuerpos.
Un lugar de memoria para señalar que había gente enterrada
Iraeta Orbegozo explica que “hemos encontrado evidencia de que había algo construido que se podía ver a bastante distancia. Se utilizó como un sitio de memoria o para señalar que allí había gente enterrada”. El hallazgo abre una ventana a la violencia y las tensiones sociales que pudieron existir en Europa hace tres milenios, en una época de profundos cambios culturales y económicos.
Aunque todavía quedan muchas preguntas sin respuesta, los científicos coinciden en que este tipo de estudios demuestra hasta qué punto la tecnología actual puede reconstruir episodios dramáticos del pasado. “Hoy estamos en un momento muy interesante para la arqueología, porque métodos de otras ciencias como la biología o la física se están uniendo a ella y nos permiten obtener datos que hace décadas eran imposibles”.
