‘The New York Times’ publica hoy que la Casa Blanca ha trasladado a Teherán un plan de 15 puntos para poner fin a la guerra en Oriente Próximo. El movimiento, señalan, evidencia la creciente presión sobre la administración Trump para encontrar una salida a un conflicto que entra en su cuarta semana y que está teniendo importantes consecuencias económicas, como reflejan los últimos datos macroeconómicos conocidos.
De acuerdo con el diario estadounidense, que cita a dos funcionarios conocedores de las negociaciones, el plan ha sido enviado a través de Pakistán y aborda cuestiones clave como el programa nuclear iraní, sus misiles balísticos y la seguridad de las rutas marítimas. No obstante, no está claro hasta qué punto la propuesta ha sido compartida dentro del aparato iraní ni si Teherán estaría dispuesto a aceptarla como base para iniciar conversaciones. Tampoco se ha confirmado si Israel, que participa junto a Estados Unidos en la ofensiva militar iniciada el pasado 28 de febrero, respalda esta iniciativa diplomática.
Estas noticias han provocado que el crudo se haya desinflado, con el barril de Brent cayendo un 6%, hasta 98,2 dólares, y el de WTI recortando alrededor de un 5,6%, hasta 87,1 dólares. “Seguimos viendo esto como un mercado impulsado por el petróleo y por una sola variable”, señala Michael Kantrowitz, estratega jefe de inversiones de Piper Sandler, a ‘CNBC’, “Y por ahora, creo que los mercados están valorados de forma adecuada según las condiciones actuales, y continuarán moviéndose y reaccionando a medida que las condiciones evolucionen”.
“Me preocupa menos la economía. Creo que la economía de EEUU puede manejar sin problema petróleo a 90 o 100 dólares. Me preocupan un poco más los tipos de interés y el temor a una inflación persistente que afecte a los múltiplos bursátiles”, agrega este experto. Cada dólar que baja el precio del petróleo mejora ligeramente las probabilidades de que la Reserva Federal (Fed) y otros bancos centrales no se vean obligados a subir los tipos de interés.
Sea como fuere, lo cierto es que el estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que circula una quinta parte del suministro de crudo y gas del mundo, continúa cerrado a cal y canto, con apenas un puñado de barcos pudiendo atravesarlo. Ayer, Trump aseguró que Teherán había ofrecido un “regalo” en el estrecho. “Hasta donde sé, nada ha sido confirmado por la parte iraní. Lo que sí está claro es que Trump quiere que esta guerra termine. Si podrá lograrlo, está por verse“, apunta Ipek Ozkardeskaya, analista sénior de Swissquote Bank, quien destaca también las noticias que informan sobre el envío de 3.000 soldado estadounidenses a la región. “Si las tropas llegan a intervenir, el conflicto se intensificaría”, añade.
A pesar de que la incertidumbre sigue siendo elevada, el sentimiento de los inversores claramente ha mejorado por la esperanza en que haya una salida a este conflicto. No obstante, subraya Ozkardeskaya, los fundamentos de numerosos valores se han visto afectados tras casi un mes de combates en la región y a las interrupciones del suministro de crudo.
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Un motivo para la esperanza es que el reciente aumento de precios resulte temporal si las tensiones disminuyen y el crudo baja de forma sostenible. En este sentido, Ozkardeskaya indica que la historia ofrece algo de perspectiva: durante la Guerra del Golfo, cuando Irak invadió Kuwait en agosto de 1990, el petróleo se disparó desde unos 15 dólares por barril hasta casi 40 en solo dos meses, pero la tensión fue relativamente breve.
“Para cuando las fuerzas de la coalición intervinieron y la guerra terminó en febrero de 1991, los precios del petróleo ya habían empezado a moderarse. Aproximadamente un mes después, la volatilidad seguía siendo alta; entre tres y seis meses después, comenzó la estabilización, y los mercados energéticos en gran medida volvieron a niveles previos a la guerra; y al cabo de un año, los mercados habían retomado en general sus tendencias anteriores”, recuerda.
Si la crisis actual sigue un camino similar, los precios del petróleo podrían estabilizarse en el rango de 80-85 dólares por barril en los próximos meses, mientras que el dólar estadounidense podría debilitarse, ofreciendo un “doble beneficio” a las economías globales.
“En un horizonte de un año, el petróleo podría potencialmente volver al rango de 60-70 dólares. Pero a corto plazo hay muchas incertidumbres, lo que hace que la dirección sea muy impredecible”, añade. Expertos como los de Oxford Economics, por ejemplo, creen que el escenario más realista es el de un barril de petróleo a 115 dólares en el segundo trimestre si no se firma un acuerdo de paz, lo que además provocaría que los precios no bajaran a sus niveles habituales antes de 2028. Ello, claro, provocaría un importante repunte de la inflación y, en última instancia, lastraría el crecimiento.
EMPRESAS Y OTROS MERCADOS
En el plano empresarial, atentos a las fortísimas subidas de Arm después de que la compañía afirmara que su nuevo chip desarrollado internamente podría generar por sí solo 15.000 millones de dólares en ingresos para 2031, elevando las ventas totales a 25.000 millones, y un beneficio por acción de 9 dólares. La firma británica de semiconductores y diseño de software presentó su primer chip propio, el AGI CPU, en un evento en San Francisco el martes. El chip está diseñado específicamente para inferencia de inteligencia artificial (IA) en centros de datos, ya que la demanda de unidades centrales de procesamiento ha aumentado con el auge de la IA agéntica.
Durante décadas, Arm ha licenciado sus conjuntos de instrucciones a otras empresas y ha cobrado regalías por cada procesador fabricado con sus diseños. Sin embargo, con su nuevo chip, ahora compite con sus propios clientes, como Amazon, Microsoft, Nvidia o Google. Para los analistas de Citi, el anuncio de Arm representa el “cambio más significativo en la historia de la compañía”. “Las previsiones de Arm están muy por encima incluso de las estimaciones más altas, y deberían aliviar cualquier preocupación sobre un cambio en la estructura de márgenes de la empresa”, explican.
Por otro lado, el gigante farmacéutico Merck ha anunciado un acuerdo para adquirir la empresa estadounidense de biotecnología Terns Pharmaceuticals por 6.700 millones de dólares. Esta es la tercera adquisición multimillonaria para Merck en el último año, ya que la empresa busca reforzar su cartera antes de que su fármaco contra el cáncer más vendido, Keytruda, pierda la protección de su patente en 2028.
Asimismo, ‘The Information’ publica que SpaceX, la compañía aeroespacial de Elon Musk, estaría estudiando presentar su folleto para su oferta pública de venta (OPV) ante los reguladores a finales de esta semana o la próxima, lo que daría el pistoletazo de salida a una de las salidas a bolsa más esperadas en años. Según estas fuentes, la compañía tiene como objetivo recaudar más de 75.000 millones de dólares en la OPV. De conseguirlo, superaría con creces el récord de la petrolera Saudi Aramco, que en 2019 captó más de 29.000 millones de dólares en su salida a bolsa.
Ojo también con los planes de Grifols, ya que la compañía ha aprobado la salida a bolsa de una participación minoritaria de su negocio de Biopharma en Estados Unidos, una operación con la que busca captar capital, reforzar su balance y avanzar en sus prioridades estratégicas de crecimiento.
En otros mercados, el euro está casi plano frente al dólar (-0,01%, $1,1605). La onza de oro se revaloriza un 3,7% (4.567 dólares) y la plata, un 5% (73 dólares). La rentabilidad del bono estadounidense a 10 años cae al 4,32%. El bitcoin se acerca a los 72.000 dólares.
