En este sentido, desde la gestoran afirman que la dispersión entre los mercados de crédito —más que un movimiento generalizado de aversión al riesgo— se ha convertido en la principal señal para los inversores.
“Hasta mediados de la semana pasada, los mercados mostraban una divergencia clara entre el comportamiento de los tipos de interés globales y el de los activos de riesgo. En divisas, renta variable y, especialmente, crédito, las primas de riesgo apenas se habían movido, a pesar de que los rendimientos en el tramo corto subían con fuerza y las curvas se aplanaban, lo que sugiere un mercado aún más centrado en los riesgos de inflación que en un deterioro significativo del crecimiento”, señala Lotfi Karoui, estratega de crédito multiactivos en Pimco.
Esta postura, tal y como explican desde la firma, venía en parte condicionada por el episodio de volatilidad asociado a los aranceles del ‘Liberation Day’ del año pasado, que llevó a los inversores a mirar más allá del ruido político y a evitar posicionamientos excesivamente negativos, pese a un entorno geopolítico hoy más complejo. “Sin embargo, la evolución de los precios en las dos últimas sesiones apunta a que esta divergencia podría estar reduciéndose, a medida que los mercados empiezan a desplazar su foco hacia los riesgos a la baja para el crecimiento“.
“Aunque la evolución del conflicto en Oriente Próximo sigue siendo altamente incierta, si el regreso a las condiciones previas al conflicto se retrasa, es probable que haya una reevaluación más amplia y abrupta del riesgo de crecimiento. Esta asimetría refuerza el atractivo de la duración (una medida del riesgo de tipos de interés que suele ser mayor en los bonos a más largo plazo), especialmente teniendo en cuenta las diferencias clave respecto al episodio inflacionista de 2022, como un mercado laboral más equilibrado, mayores costes de financiación y una demanda agregada más débil”, remarca Karoui.
DÓLAR, BONOS Y RIESGO
Por otro lado, y si bien los bonos del Tesoro estadounidense ofrecieron protección eficaz durante los episodios de aversión al riesgo en febrero, su comportamiento ha sido desde entonces más mixto, con repuntes de los rendimientos incluso en fases de mayor debilidad del apetito por riesgo. “Esto ha reabierto el debate sobre la eficacia de la duración y del dólar como activos de cobertura en un entorno dominado por la inflación”.
Por ahora, desde Pimco dicen que las correlaciones entre activos se mantienen en líneas generales acordes con los patrones históricos. “De las aproximadamente 60 sesiones de negociación en lo que va de año, han sido muy pocos los episodios —tanto en términos diarios como en medias móviles— en los que un aumento de las tires del Treasury a 10 años haya coincidido con un ensanchamiento de los diferenciales del crédito investment grade en dólares y una depreciación del dólar. La frecuencia de estos episodios en 2026 sigue por debajo de su media de largo plazo. Para encontrar una persistencia mayor de esta dinámica, hay que remontarse al periodo inmediatamente posterior al ‘Liberation Day’ en abril de 2025”.
Además, para Karoui, desde el inicio del conflicto en Irán, han emergido además tres grandes tendencias. En primer lugar, tanto en EEUU como en Europa, el crédito ha superado lo que cabría esperar según su relación histórica —o beta— con la renta variable desde el inicio del conflicto.
“Cabe señalar que la elevada concentración del S&P 500 no explica completamente este mejor comportamiento del crédito estadounidense, que se mantiene incluso tomando como referencia la versión equiponderada del índice”.
En segundo lugar, los diferenciales de crédito en EEUU han evolucionado mejor que los europeos, “en línea con un entorno macro en el que el crecimiento, la inflación y la combinación de políticas económicas se han deteriorado de forma más acusada en Europa”.
Por último, en Europa, el crédito corporativo investment grade ha superado al crédito soberano, “como refleja un ensanchamiento más moderado frente a los diferenciales de BTP (Italia vs. Alemania) y OAT (Francia vs. Alemania), lo que apunta a un mercado más preocupado por los riesgos fiscales que por la calidad crediticia de las empresas. Salvo que se produzca una caída del precio del petróleo, resulta difícil prever un cambio en esta dinámica de valor relativo”, concluye Karoui.
