No tenía demasiada confianza en la nueva ‘La momia’, tanto por el pobre recuerdo que me dejó la anterior versión protagonizada por Tom Cruise como por el hecho de que tampoco me entusiasmó demasiado ‘Posesión Infernal: El despertar’, el anterior trabajo de Lee Cronin. Eso también me llevó a no seguir el proyecto demasiado, lo cual ha ayudado a que mi sorpresa con ella haya sido mayúscula.
Sí es verdad que Cronin aplica aquí la misma fórmula del exceso que ya marcaba ‘Posesión Infernal: El despertar’ a todos los niveles, pero aquí todo resulta más pulido sin por ello sacrificar para nada su vertiente más cafre. Eso sí, el crescendo está mucho más medido y resaltado por un impecable trabajo de puesta en escena que eleva lo que perfectamente podría haberse quedado en una simple explotación de ‘El exorcista’.
Un espectáculo gloriosamente excesivo
La base que utiliza Cronin para su versión de ‘La momia’ es sencilla, ya que apuesta por mezclar el trauma porque tu hija sea secuestrada y nadie logre dar con ella con un toque de mitología egipcia. Ahí no vamos a encontrar nada especialmente novedoso, pero es una película tan atrevida y directa que eso pasa a un segundo plano.
Desde el primer momento queda claro que Cronin no tiene especial interés en abordar las secuelas psicológicas que provoca algo así en una familia, ya que lo que realmente le interesa es lo que sucede cuando la chica reaparece 8 años después convertida en algo totalmente diferente. Pronto queda claro que las cosas no van a mejorar y que todo va a ir degradándose cada vez más.
Eso sí, Cronin es directo, pero no por ello opta por una narrativa morosa en la que lo único que destaque son los golpes de efecto visuales por lo tremendamente gráfico que llega a ser con todo lo macabro que va sucediéndose. La principal consecuencia de ello es que la duración de ‘La momia’ se va por encima de las dos horas de metraje, pero así se consigue una película mucho más cohesiva en la que además nos importa algo lo que suceda a los protagonistas.

Esa era precisamente una de las muchas pegas que tuve el año pasado con ‘Hombre lobo’, una película que además resultaba bastante sosa en líneas generales. Eso es justo de lo que no se puede acusar a ‘La momia’, ya que Cronin construye un relato que va creciendo de forma orgánica, pero lo hace abrazando de lleno el exceso para convertirla en un espectáculo loquísimo y no apto para estómagos sensibles.
No obstante, ese fuerte presencia del gore y la tendencia al sadismo no está abordada de forma gratuita. Por supuesto que se busca el impacto, pero se nota que en todo momento hay un plan detrás y Cronin simplemente puede ir varios pasos más allá de aquello a lo que nos ha acostumbrado Hollywood. Por ahí sí que se nota una libertad de movimiento para que la película se sienta en todo momento fresca y te deje con ganas de ver cómo se soluciona todo.
De hecho, el pulso y la precisión de Cronin tras las cámaras resulta fundamental para que ‘La momia’ destaque, imponiéndose a un reparto que ofrece interpretaciones, sólidas pero que por sí mismas solo podrían llevar a la película hasta cierto punto. Es la puesta de escena lo que realmente eleva el resultado final y lo convierte en una experiencia única. Eso sí, es fundamental que conectes con la visión que tiene Cronin o puedes acabar desesperado.

Es cierto que en su tramo final se toma algunas licencias -esa retorcida última escena huele mucho a añadido tras valorar reacciones en pases de prueba- y que ahí podría haber sido aún más excesiva, pero a su manera es un colofón perfecto para una película que incluso se permite un par de licencias cómicas que pueden descolocar a algunos espectadores.
Esperaba bien poco de ‘La momia’ y se ha acabado convirtiendo en una de mis películas favoritas de lo que llevamos de año. Un pasatiempo tan cafre como entretenido que sabe jugar muy bien sus cartas para que uno se lo pase en grande con ella.
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La noticia
Una locura maravillosa para los amantes del cine más excesivo: ‘La momia’ es una película de terror tan cafre como entretenida
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por
Mikel Zorrilla
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