Ya lo sabéis todos: hoy Pasapalabra estrena nueva prueba final. No lo hace por una decisión de sus responsables para refrescar el concurso más visto de la televisión, sino por una sentencia del Tribunal Supremo que dio la razón a MC&F sobre los derechos del Rosco —que no del nombre—, obligando a ITV Studios y Antena 3 a idear otro desafío. ¿Mejor? ¿Peor? En unas horas podremos empezar a valorarlo, pero lo que sí está claro es que tendrá muy difícil igualar el legado de 26 años de este juego de letras.
No solo un concurso: una herramienta para enseñar
No me refiero solo a que varias generaciones de españoles hayan pasado sus cenas frente al televisor viendo enfrentarse a dos devoradores de diccionarios cada noche de lunes a viernes, entre los que yo me incluyo, sino también a su papel como herramienta de divulgación cultural. Durante décadas, el Rosco ha funcionado como una especie de academia popular que ha acercado vocabulario, curiosidades lingüísticas y referencias de toda clase a millones de espectadores sin que sintieran que estaban estudiando. No dejaba de ser un juego en el que se aprendía y, como tal, decenas de profesores en España lo supieron ver, convirtiéndose así en un popular recurso educativo.
Los profesores lo probaron en casa, entendieron la mecánica en dos minutos y vieron algo importante: sus alumnos también la captaban al instante. No hacía falta explicar reglas ni convencer a nadie de que era divertido. Solo había que cambiar las preguntas. Así lo contaba Isabel García‑Velasco, profesora de Historia, en el blog de la Asociación de Profesores de Historia y Geografía en 2017: tomó el temario de Historia de España de 2º de Bachillerato —ese que empieza en Atapuerca y termina en el segundo gobierno de Aznar, y que casi nadie logra completar— y lo convirtió en un Rosco cada dos temas. Con normas claras, por parejas, diez segundos por letra y penalización si alguien soplaba la respuesta. Una forma de gamificar su asignatura para resolver un problema.
“Si la primera vez que lo jugáis alguien no los ha estudiado, os aseguro que para la siguiente los estudiará”
No es la única que ha querido compartir sus propuestas de aprovechar la ya antigua prueba final de Pasapalabra en las aulas. Luis Jaraquemada, coordinador de estudios y creador de recursos didácticos, publicó en el blog CREA Profesores Creativos un artículo explicando cómo adapta el Pasapalabra a sus clases de vocabulario y gramática, y cómo este puede ayudar a hacer más amenos esos días finales de curso donde los alumnos empiezan a estar más dispersos. Algo similar a lo que hace Iris Lisart, profesora de francés en ESO y Bachillerato, que aprovecha el rosco para enseñar conjugaciones verbales: “Les gusta mucho este formato y si la primera vez que lo jugáis alguien no los ha estudiado, os aseguro que para la siguiente los estudiará”.
Y claro, luego está Educaplay donde docentes anónimos suben sus roscos para hacer la tarea más sencilla a otros profesores. Incluso desde administraciones públicas como la Junta de Castilla y León podemos ver menciones a Pasapalabra para su uso en las aulas. El Rosco de Pasapalabra, por tanto, puede que se haya despedido de la audiencia en Antena 3 pero, a la espera de ver qué hace Telecinco con el formato, podemos afirmar que la prueba final del programa se quedará con nosotros, ayudando a que aprender lengua, idiomas, historia, geografía y cualquiera otra cosa sea más entretenido.
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La noticia
Ya no lo veremos en Antena 3, pero de las escuelas nadie lo sacará. El Rosco de Pasapalabra lleva 26 años haciendo algo más que entretenernos
fue publicada originalmente en
Espinof
por
Marcos Yasif
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