‘El Gran Hotel Budapest‘ es una de esas películas que no cuesta recomendar. Wes Anderson construye aquí una aventura tan divertida como melancólica, con un hotel de lujo perdido en una Europa de cuento, un conserje absolutamente inolvidable interpretado por Ralph Fiennes y una sucesión de persecuciones, asesinatos, herencias y personajes extravagantes que convierten cada minuto en un auténtico espectáculo.
Es probablemente una de las películas más accesibles y entretenidas del director, pero también una de las que mejor demuestra todo lo que hace especial a su cine: una puesta en escena preciosa, un humor muy particular y una historia que, debajo de todo su color y su extravagancia, habla de la amistad, la pérdida y un mundo que está desapareciendo.
Puro placer cinematográfico
La historia nos lleva hasta un prestigioso hotel europeo durante el periodo de entreguerras, donde conocemos a Gustave H., un legendario conserje interpretado por Ralph Fiennes, y a Zero Moustafa, el joven botones que se convierte en su protegido y amigo. Todo comienza a complicarse cuando Gustave recibe como herencia una valiosa pintura tras la muerte de una de sus antiguas amantes y acaba acusado de asesinato. A partir de ahí, la película se convierte en una delirante aventura llena de persecuciones, secretos, herencias familiares y personajes extravagantes.
Pero lo verdaderamente especial de la película es cómo Wes Anderson construye su universo, con una puesta en escena milimétrica, colores cuidadosamente escogidos, composiciones simétricas y una estética que hace que parezca que estamos viendo un cuento ilustrado. Es una película tremendamente reconocible desde el primer plano, pero también muy dinámica: Anderson utiliza todo ese perfeccionismo visual para contar una historia que no para quieta.
Y después está Ralph Fiennes, que está absolutamente maravilloso como Gustave H. Su interpretación consigue que un personaje que podría resultar irritante termine siendo tremendamente entrañable. Fiennes maneja la comedia con una precisión espectacular y encuentra además un punto de humanidad que hace que el personaje funcione mucho más allá de la caricatura.
También es una película que demuestra que el cine de Wes Anderson puede ser mucho más melancólico de lo que parece a primera vista. Bajo sus colores pastel, sus persecuciones absurdas y sus personajes excéntricos hay una historia sobre la amistad, la pérdida y el final de una determinada idea de Europa. El hotel funciona casi como un refugio de un mundo que está desapareciendo, y esa sensación de nostalgia termina dándole a la película una profundidad que quizá no se aprecia del todo la primera vez que la ves.
Además, dura apenas 1 hora y 39 minutos, tiene humor, aventura, misterio, un reparto espectacular y una identidad visual imposible de confundir con ninguna otra película. Si todavía no la has visto, date prisa, porque Netflix la quita de su catálogo el 12 de agosto. Aunque seguirá estando disponible en Disney+ y Movistar Plus.
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La noticia
Últimos días para ver en Netflix una de las películas más originales y divertidas de los últimos años. Un delirio visual que ganó 4 Oscars
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Belén Prieto
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