Las sensaciones que dejó el juego fueron tan opuestas como las que disparó el resultado. Boca se fue conforme porque generó mucho más, pero al mismo tiempo con bronca porque el 0-0 se pareció a un castigo y no logró exprimir la localía de La Bombonera. Racing terminó preocupado porque casi nunca inquietó a Sergio Romero, pero a la vez feliz porque rescató un empate que no merecía y la semana que viene cerrará la serie de cuartos de final de la Libertadores en su casa, en el Cilindro de Avellaneda.
