El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ofrecerá en una rueda de prensa más detalles sobre lo que ha asegurado que será “la mayor ofensiva financiera jamás organizada contra un adversario”.
“El presidente Trump ha desmantelado las capacidades militares de Irán, ha destruido casi el cien por ciento de sus fábricas militares y ha enterrado su programa nuclear. Ahora estamos entrando en la fase final. Al amanecer comienza un Día D económico —la mayor ofensiva financiera jamás organizada contra un adversario”.
Es lo que ha publicado en sus redes sociales, en un mensaje en el que añade que “el presidente ha creado las condiciones para aprovechar cada agencia, cada autoridad y acción que muchos asumieron que nunca convocaríamos. Nuestro objetivo es cortar cada línea vital económica que sostiene al régimen tiránico hasta que Teherán quede solo”.
Además, ha escrito que “la República Islámica ha subsistido disfrazando la extorsión como garantías de seguridad. Ha extraído fuerza de un cálculo que considera la retaliación iraní como cierta y la aplicación de la ley por parte de EEUU como negociable. Bajo el presidente Trump, esa era ha terminado. Y aquellos que temen el peligro de desafiar a Teherán no deberían subestimar el coste de poner a prueba a Washington“.
La semana pasada, Trump ya amenazó con la “operación económica más aplastante jamás emprendida contra país alguno” contra Irán, diciendo que “esto será una guerra económica y un aislamiento a una escala sin precedentes”. También advertía que “cualquier país que permita que sus instituciones financieras, empresas, aeropuertos o entidades gubernamentales proporcionen cualquier tipo de ayuda a Irán se enfrentará a tremendas consecuencias económicas”.
Las nuevas medidas se sumarán a un extenso régimen de sanciones que ya afecta a los sectores bancario, energético, aeronáutico y de criptomonedas de Irán, que ha respondido advirtiendo a sus vecinos del Golfo que no se sumen a las medidas económicas estadounidenses y reforzando su control sobre ese punto estratégico.
Además, Irán lleva días preparándose para las sanciones. “Si la guerra económica continúa, no se exportará ni una sola gota de petróleo, ni a través del estrecho de Ormuz ni desde ningún punto del golfo Pérsico”, ha publicado el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional del país, Mohsen Rezaei, afirmando que “Irán considerará la participación o el apoyo de cualquier país a la guerra económica de EEUU contra el pueblo iraní como un acto de guerra“.
¿Qué esperan los analistas? Desde ING creen que las posibles medidas que anunciará Bessent “incluyen un posible golpe de efecto económico para Irán y, tal vez, algún tipo de plan de consolidación fiscal estadounidense, prometido tras la tensión experimentada en el mercado de bonos del Tesoro la semana pasada”.
“Las tensiones entre EEUU e Irán siguen siendo un tema central, mientras Washington se prepara para anunciar nuevas sanciones contra los socios comerciales de Irán. Bessent ha descrito estas medidas como un ‘Día D económico’, mientras que Irán ha advertido que no habrá producción de petróleo en el Golfo si continúa la guerra económica. Si bien los ataques militares directos se han reducido en las últimas semanas, la falta de negociaciones significativas reduce las perspectivas de un acuerdo a corto plazo“, apuntan en Danske Bank.
Desde Rabobank comentan que “Irán también ha declarado que cualquier país que se una a las nuevas sanciones estadounidenses sería considerado un enemigo. Sí, el presidente iraní (sin poder) dijo que el memorando de entendimiento con EEUU sigue siendo la mejor salida a este lío, ya que el jefe del ejército paquistaní visitará Teherán nuevamente hoy. Por otro lado, Irán también afirma que Arabia Saudita, Turquía y Pakistán lo invitaron a unirse a su nuevo pacto de defensa, que fracasó en su intento de defender a los saudíes de los ataques de los hutíes instigados por Irán”.
“Los mercados han escuchado numerosas amenazas durante este conflicto y han aprendido a no pagar el precio completo hasta que el petróleo deje de circular. Pero si el precio del petróleo sube bruscamente, el problema de Washington se complica. Un crudo más caro alimentaría directamente las expectativas de inflación, presionaría con más fuerza el tramo largo de la curva de rendimientos del Tesoro y dificultaría considerablemente la labor de la Fed. El dólar podría ganar la sesión inicial impulsado por el temor, solo para perder en las rondas posteriores a medida que el mercado retome la estrategia de devaluación. Esa es la trampa”, indica Stephen Innes, gestor de SPI Asset Management.
