Hace dos temporadas Ángel Di María y Mauro Icardi salieron del París Saint-Germain por la puerta de atrás. El primero se fue a la Juventus, donde el curso pasado firmó un año irregular que marcó su regreso al Benfica. El segundo explotó cedido en el Galatasaray, que este verano adquirió en propiedad a un jugador que, como Di María, ahora disfruta de un inicio de campaña excelso con cierto aroma a dulce venganza tras una resurrección que golpea a los que no confiaron en ellos.
