Cada innovación transformó el mundo. Los consumidores se beneficiaron enormemente. La productividad aumentó. Se crearon industrias enteras, mientras que otras desaparecieron. Schumpeter lo denominó «destrucción creativa». Sin embargo, a pesar de décadas de disrupción tecnológica, el desempleo masivo nunca llegó.
Desaparecieron empleos antiguos, surgieron nuevos y el nivel de vida mejoró. La IA podría no ser diferente.
A finales de la década de 1990 se produjo la burbuja de las puntocom, cuando muchos creyeron que Internet había cambiado para siempre las reglas de la inversión. Sin duda, transformó la economía, pero tras el estallido de la burbuja, las bolsas finalmente retomaron su tendencia a largo plazo.
Esto es, en esencia, economía básica: las ventajas tecnológicas atraen competencia, los competidores adoptan la innovación, los márgenes se normalizan y gran parte del valor termina beneficiando a los consumidores en lugar de a los accionistas.
La IA es la próxima gran revolución. Probablemente creará ganadores y perdedores. Pero para el mercado en general, la historia sugiere que esta vez no será diferente. El gráfico muestra que los inversores son optimistas respecto a la IA, pero a diferencia de la burbuja de Internet del año 2000, las valoraciones aún no han alcanzado los mismos extremos.
Desde luego, la situación de los mercados bursátiles nos indica que la IA no es algo que va a provocar una ruptura y que sacará del mercado a todos los intermediarios, como parecen descontar una gran mayoría de los intérpretes de esta situación. Como analista, más bien parece que la nueva revolución traerá de nuevo una capacidad mucho más simplista de la situación y que las opiniones que afirman que tendremos un mundo distinto con la llegada de la Inteligencia Artificial no hacen más que reconocer de nuevo su ignorancia.
Parece que los cambios se aceleran, pero como en toda revolución el protagonista será el hombre y desde luego sin sus capacidades y su intervención no llegaremos a ningún sitio y todavía menos en los mercados financieros donde ninguna inteligencia artificial va a ser capaz de adelantar el futuro y reconocer lo que va a pasar.
