Hay series y películas que uno sabe perfectamente que no son grandes obras televisivas en el sentido estricto del término, pero aun así funcionan como un imán. Es justo lo que ocurre también con ‘Todos nuestros años‘ (‘Every Year After‘), la nueva serie romántica de Prime Video basada en la novela de Carley Fortune, que entra de lleno en esa categoría de placer culpable perfecto.
Es ese tipo de ficción que no busca reinventar nada, pero que sabe exactamente qué botones tocar para que uno se quede episodio tras episodio, incluso sabiendo que muchos giros son previsibles o que el drama está amplificado al máximo. Y ahí está justamente su encanto.
Un verano, una llamada y un regreso inevitable
La historia arranca con Percy Fraser en Seattle, en medio de una vida en la que intenta ser adulta, aunque a veces se le haga bola y arrastre demasiados traumas del pasado. O al menos así es hasta que una llamada inesperada le cambia la vida: Charlie Florek le comunica la muerte de su madre y la obliga a volver a Barry’s Bay, el lugar donde vivió los veranos más intensos de su adolescencia.
A partir de aquí, entre 2011 y 2016, la serie reconstruye los veranos que marcaron a Percy en ese pueblo junto al lago, donde conoció a Sam, su primer amor, y a Charlie, una persona también importante para ella. Hay fogatas, trabajos de verano, noches sin dormir y decisiones impulsivas, y poco a poco el pasado vuelve para atormentarla.
Aunque reconozco que suelo acudir a este tipo de ficciones para desconectar y no prestar mucha atención a su calidad, creo que parte del encanto de ‘Todos nuestros años’ está en su propia fórmula. Es predecible y algunos conflictos se ven venir a kilómetros. Pero también es precisamente eso lo que la hace tan fácil de ver. Es el tipo de serie que no exige nada y que te recompensa con algo de emoción, la química entre sus personajes y una estética veraniega irresistible.
Percy, Sam, Chantal, Delilah y el resto del elenco no siempre destacan por su complejidad, pero sí por la energía que desprenden juntos. Las relaciones, los triángulos emocionales y los conflictos funcionan más desde la sensación que desde la lógica, y eso encaja perfectamente con el tono de la serie.

Y Barry’s Bay es puro escapismo, un lugar idealizado donde todo parece más intenso, más bonito y más decisivo de lo que sería en la vida real. Esa construcción nostálgica es clave para entender por qué la serie te acaba atrapando, incluso cuando uno es consciente de sus artificios.
Al final, ‘Todos nuestros años’ no pretende ser más que un romance de verano diseñado para emocionar, recordar primeros amores y jugar con la nostalgia. Y quizá ahí esté su mayor virtud como placer culpable, que simplemente invita a dejarse llevar.
Lo dicho, la tenéis en Prime Video.
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La noticia
‘Todos nuestros años’ aspira a ser el nuevo éxito juvenil de Amazon y tiene todos los ingredientes para conseguirlo. Es la proyección ideal de un amor de verano
fue publicada originalmente en
Espinof
por
Belén Prieto
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