Este miércoles 12 de agosto, España tuvo la oportunidad de ver el mayor evento astronómico del siglo: el eclipse total solar.
Durante la fase de oscuridad total, multitud de espectadores detectaron unos llamativos destellos de color rojo intenso bordeando la silueta de la Luna.
Ante la curiosidad generada por este fenómeno, el meteorólogo Roberto Brasero ha detallado que estas visiones corresponden a fulguraciones solares, unas inmensas llamaradas de plasma que brotan directamente desde la superficie del Sol y que se convirtieron en una de las protagonistas inesperadas del evento astronómico.
Tal y como ha explicado Brasero, el motivo por el que pudimos ser testigos de este espectáculo visual radica en el propio bloqueo lumínico que ejerce la Luna. El periodista señala que estas violentas llamaradas normalmente no se ven ni brillan con tanta intensidad a simple vista. Sin embargo, al quedar completamente oculta la fotosfera (que es la capa superficial del Sol encargada de emitir la mayor parte de la luz brillante que recibimos), el resto de las complejas estructuras solares quedan al descubierto.
Las perlas de Baily y el despliegue de la corona solar
Además de las fulguraciones rojizas, el meteorólogo ha aprovechado para repasar el resto de etapas visuales que han marcado el hito astronómico. En un tono distendido, Brasero ha recordado la mágica aparición de las conocidas perlas de Baily, unos espectaculares y breves destellos de luz que se cuelan por los relieves y cráteres lunares en los instantes inmediatamente previos y posteriores a la totalidad del eclipse.
Una vez superados estos últimos resplandores, la oscuridad total permitió culminar la experiencia con otra visión privilegiada. Según ha destacado el experto, el fenómeno dejó paso a la contemplación de la corona solar, la extensa y tenue atmósfera exterior de nuestro astro que, al igual que las fulguraciones, solo abandona su invisibilidad habitual cuando la Luna decide interponerse en nuestro camino.
