“Los precios de la energía siguen sufriendo presiones por la prolongación del conflicto entre EEUU e Irán. De hecho, el estrecho de Ormuz continúa prácticamente cerrado. El precio del barril de crudo (Brent) ha vuelto a situarse por encima de los 90 dólares y, sobre todo, el precio del gas en Europa ha alcanzado un máximo histórico al superar los 68 euros/MWh. Evidentemente, estas alzas son malas noticias para la inflación y la dinámica de crecimiento, en especial en Europa”, afirma.
De hecho, el experto pone el foco en que no se atisba una salida a la crisis, dado que los estadounidenses y los iraníes muestran poca voluntad de reanudar el diálogo. Es más, la Administración Trump ha dado a conocer los pormenores de la ‘Operation Economic Outcast’, con el objetivo de aislar a Teherán y a todos aquellos que de alguna manera colaboren económicamente con el país.
Y es que las nuevas determinaciones de sanciones sectoriales van dirigidas contra cinco de las vías de financiación más vitales que Irán explota en otros países: activos digitales, tecnología, oro, aviación y transporte marítimo.
Por otro lado, EEUU y Canadá se han embarcado en una espiral arancelaria tras no haber alcanzado un acuerdo sobre los nuevos gravámenes aduaneros que las autoridades estadounidenses querían imponer a su vecino del norte.
Sin embargo, a pesar de este contexto dominado, sobre todo, por las incertidumbres geopolíticas que afectan a los precios de la energía y por los tipos de interés elevados, “resulta casi sorprendente observar que la economía mundial sigue aguantando. Ese es el mensaje que transmiten las encuestas preliminares de actividad de los PMI de S&P para el mes de agosto en los grandes países. Así, tanto en la zona euro como en Japón, el Reino Unido o EEUU, los índices compuestos (servicios e industria) registraron subidas”, dice Horvitz.
AMENAZAS A VIGILAR
No obstante, este impulso podría frenarse otra vez a causa de las nuevas alzas de los precios de la energía. “El precio del galón de gasolina sigue superando los 4 dólares y el de diésel (de referencia en el transporte) se mantiene por encima de los 5 dólares, es decir, su máximo desde mediados de 2022 exceptuando el periodo comprendido entre finales de marzo y comienzos de abril. De mantenerse estos niveles, el consumo se vería afectado y las presiones inflacionistas amenazan con perdurar”, explican en la firma.
Además, los tipos de interés siguen siendo muy elevados. El bono a 10 años de EEUU ronda el 4,70%, cifra que supone su nivel más alto desde hace casi 20 años. “Evidentemente, este hecho perjudica a muchos sectores de la economía, con la excepción, por el momento, de los que siguen invirtiendo masivamente en el desarrollo de la IA”.
“Estos elevados niveles sobre todo encarecen el coste del endeudamiento público. El Secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha anunciado ya en varias ocasiones que el gobierno podría intervenir en el mercado de renta fija para evitar nuevas alzas. Sin embargo, a la vista del aumento del déficit público y la trayectoria alcista de la deuda, será difícil calmar de forma duradera al mercado con unas compras de bonos que solo pueden ser limitadas, máxime si, como pensamos, la Fed debe girar hacia un endurecimiento, aunque sea moderado, de su política monetaria de aquí a finales de año”, comenta el estratega.
En la zona euro, la actividad económica expresada mediante la encuesta PMI de S&P volvió a avanzar en agosto y ganó algo de terreno. La industria es la responsable de este dinamismo, sostenido en parte por el gasto público alemán. En los servicios, la actividad sigue siendo sólida debido a las economías más pequeñas.
“En Alemania y Francia la actividad en el sector servicios descendió. Esta debilidad de los servicios en algunas economías se debe, en parte, a la persistencia de unos costes energéticos elevados, sobre todo en el gas, y unos tipos de interés que siguen siendo altos. La incertidumbre política, principalmente en Francia, también parece estar lastrando la confianza”, concluye Horvitz.
