Las comedias románticas llevan años intentando recuperar el lugar que ocuparon durante décadas y parecía que ‘Una noche al año‘ tendría todos los ingredientes para conseguir traer algo fresco al panorama actual: una pareja protagonista con química, Nueva York como escenario, Will Gluck (‘Cualquiera menos tú‘) detrás de las cámaras y una premisa tan absurda como potencialmente divertida.
La película imagina un futuro en el que el Gobierno de Estados Unidos ha prohibido las relaciones sexuales fuera del matrimonio y solo permite a las personas solteras mantenerlas durante 12 horas, una única noche al año. De ahí nace una especie de “Purga sexual” en la que Owen y Allie, interpretados por Callum Turner y Monica Barbaro, salen a las calles de Nueva York en busca de pareja mientras el reloj corre en su contra. Sobre el papel, podía ser una comedia romántica alocada con bastante mala leche sobre el control del cuerpo, las citas modernas y la obsesión por encontrar el amor. El problema es que termina utilizando su disparatada distopía para lanzar un mensaje mucho más conservador de lo que cabría esperar.
Una premisa que acaba siendo un sermón
La película funciona mucho mejor cuando se entrega al caos de su premisa. Owen y Allie recorren Nueva York durante esa noche excepcional en la que todo el mundo parece desesperado por encontrar pareja, mientras la ciudad se llena de carteles propagandísticos, temporizadores, eventos para solteros y personas que intentan aprovechar las horas que quedan antes de que vuelva a entrar en vigor la prohibición. Aquí Will Gluck imprime a todo el conjunto una energía frenética y una estética muy cuidada, y la pareja formada por Turner y Barbaro consigue sostener buena parte de la película gracias a una química que funciona incluso cuando el guion no les da demasiado con lo que trabajar.
El problema está cuando la película decide que detrás de esta premisa absurda tiene que haber una gran moraleja. La película plantea un mundo que debería resultar aterrador -un Estado que controla la vida sexual de sus ciudadanos mediante biosensores y castiga a quienes incumplen sus normas-, pero apenas se detiene en las consecuencias políticas o sociales de semejante sistema. En lugar de utilizar la distopía para construir una sátira sobre el control de los cuerpos, la película se centra en el supuesto caos provocado por la libertad sexual. Y poco a poco, lo que parecía una crítica a la represión termina siendo otra cosa y el sexo empieza a ser un obstáculo para encontrar el amor verdadero.
Y ahí es donde la película termina chocando frontalmente con su propia premisa. Después de pasar buena parte de la historia mostrando una sociedad convertida en una cárcel de deseo por culpa de una legislación absurda, el final parece querer decir que quizá la prohibición no era un problema tan grande. El mensaje chirría especialmente porque ‘Una noche al año’ podría haber utilizado su idea para reírse de la obsesión por controlar la intimidad, pero acaba haciendo prácticamente lo contrario. Lo que comienza como una comedia romántica sobre una sociedad obligada a abstenerse durante 364 días al año termina pareciendo una advertencia sobre los peligros de acostarse con alguien sin estar enamorado.
Una excusa para perder la cabeza

A mí personalmente me ha parecido una charla moralizante sobre las relaciones casuales disfrazada de comedia romántica. La película tenía la oportunidad de burlarse de la presión social por encontrar pareja, de las restricciones sobre el cuerpo y de la idea de que el matrimonio debería ser la única puerta de entrada al sexo, pero termina abrazando una visión sorprendentemente tradicional.
Y quizá eso sea lo más frustrante de ‘Una noche al año’: no es que su premisa sea demasiado absurda, sino que se queda corta respecto a todo lo que podría haber sido. Había una comedia mucho más salvaje, política y provocadora escondida dentro de esta historia, una que podría haber utilizado la “Purga sexual” para hablar de libertad, deseo y control. Pero, en su lugar, se queda en una película simpática y visualmente atractiva que, cuando llega el momento de decidir qué quiere decir realmente, acaba escogiendo el camino más convencional. Una pena, porque pocas veces una comedia romántica había tenido una excusa tan buena para perder la cabeza.
En Espinof | Las mejores películas de 2026
En Espinof | Las 33 mejores películas románticas de la historia
–
La noticia
‘Una noche al año’ tiene una premisa disparatada e interesante, pero acaba siendo una comedia romántica más conservadora y tradicional de lo que se cree
fue publicada originalmente en
Espinof
por
Belén Prieto
.

