En menos de dos décadas Guatemala sobrevivió a una burbuja inmobiliaria, una crisis financiera, una pandemia, una escalada de inflación, quiebra de bancos globales y ahora un shock petrolero.
Cada crisis vino de afuera, pero entró por una puerta distinta. Esa es la primera lección para 2026-2027.
En 2026, el petróleo vuelve a ocupar un lugar central, esta vez por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente.
La economía guatemalteca ha reaccionado de varias maneras, pero mantiene un denominador común: mientras unos sectores caen, otros sostienen el peso. Los que se recuperan, vuelven a poner su parte y mientras que otros luchan por resurgir.
Esto deja varias lecciones que, según expertos, permiten ver la crisis actual de los combustibles desde la perspectiva de la resiliencia, prudencia y responsabilidad individual.
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LECCIÓN 1: LA CRISIS TIENE DISTINTOS CANALES
En 2008-2009, la crisis del empleo: En EE. UU., la crisis financiera se agravó en septiembre de 2008 con la quiebra de Lehman Brothers, un episodio que profundizó la contracción económica y que terminó transmitiéndose al empleo y al consumo.
En Guatemala, las exportaciones cayeron de USD 6 mil 764 millones en 2008 a USD 6 mil 181 millones en 2009, mientras el crecimiento del PIB pasó de 3.3% a 0.5%.
Pero uno de los mayores impactos llegó por las remesas: después de crecer 20.6% en 2006 y 14.4% en 2007, aumentaron apenas 4.5% en 2008 y cayeron 9.3% en 2009, hasta USD 3 mil 912 millones.
La Gran Recesión de EE. UU. terminó oficialmente en junio de 2009, pero el mercado laboral tardó más en recuperarse: el desempleo llegó a 9.5% ese mes y alcanzó 10% en octubre.
Erick Coyoy, investigador de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIE) , explicó a La Hora que la crisis de 2008-2009 el sistema financiero guatemalteco estaba menos integrado a los mercados internacionales, por lo que el impacto de la crisis financiera estadounidense no llegó de forma inmediata al país.
“El sistema financiero es bastante cerrado, más que en aquel entonces, y no está totalmente integrado a los mercados financieros internacionales”, señala Coyoy.
Por ello, el principal canal terminó siendo el comercio internacional: la crisis en Estados Unidos redujo la actividad económica y, con algunos meses de rezago, afectó las exportaciones guatemaltecas. “Una vez que Estados Unidos se recuperó, igual ocurrió en Guatemala”, explicó.
Coyoy también señaló una diferencia relevante frente a la actualidad es que en 2008 las remesas todavía no tenían el peso que tienen hoy dentro de la economía guatemalteca.
En 2020 el canal fue otro: La pandemia y el cierre de la economía. En Estados Unidos, el Producto Interno Bruto (PIB= cayó a una tasa anualizada de 32.9% en el segundo trimestre y el desempleo pasó de 3.5% antes de la pandemia a 14.8% en abril.
El golpe también llegó a Guatemala. La economía se contrajo 3.5% en 2020 y las remesas, que dependen en buena medida del empleo de los migrantes en Estados Unidos, acumularon una caída de 0.9% a junio de ese año.
La respuesta también fue de gran escala. El Banco de Guatemala redujo la tasa líder de 2.75% a 1.75% en tres movimientos durante 2020, mientras el presupuesto vigente se amplió en Q20,045.6 millones hasta Q107,760.7 millones. Esa ampliación elevó el déficit presupuestario previsto a 6.0% del PIB.
2026, el canal es el combustible: A diferencia de 2008-2009, cuando el deterioro del empleo en Estados Unidos terminó golpeando las remesas, y de 2020, cuando la pandemia paralizó buena parte de la actividad económica, el principal riesgo para 2026 viene del exterior a través de los precios del petróleo.
El Banco de Guatemala ha señalado que la mayoría de los indicadores de corto plazo continúa mostrando un comportamiento dinámico, consistente con su rango previsto de crecimiento para 2026.
Sin embargo, advierte que una prolongación del choque de oferta externo sobre los precios de los combustibles y la energía podría moderar el crecimiento, porque el encarecimiento de los combustibles eleva los costos de producción y transporte.
Ese efecto ya comienza a reflejarse en los precios. La inflación interanual pasó de 1.56% en febrero a 3.24% en abril, bajó a 2.27% en junio y se ubicó en 2.70% en julio.
El banco central ha atribuido la aceleración registrada durante el año principalmente a choques de oferta y presiones inflacionarias de origen importado, en un contexto de mayores precios internacionales del petróleo y sus derivados.
La particularidad de este episodio es que el riesgo no parte necesariamente de una caída de la demanda interna.
El Banguat mantiene una perspectiva de crecimiento para 2026, pero reconoce que un combustible más caro puede trasladarse a los costos de empresas, transporte y otros bienes y servicios. Por eso, el petróleo funciona como un canal externo capaz de afectar simultáneamente inflación y crecimiento.
El escenario base del Banco mantiene la inflación dentro de la meta para 2026 y 2027. No obstante, esas proyecciones están sujetas a riesgos al alza asociados con la evolución de los precios de los derivados del petróleo y, adicionalmente, con posibles efectos climáticos vinculados con El Niño.
En este caso, Coyoy añadió que el episodio de 2026 tiene una característica distinta: no se trata únicamente de un shock petrolero. A diferencia de las crisis anteriores, varios factores están actuando al mismo tiempo sobre los precios.
“En 2026 la crisis inflacionaria está teniendo mayor alcance porque se están combinando varios factores que la alimentan”, dijo.
Entre ellos identifica el conflicto entre Estados Unidos e Irán y su impacto sobre la disponibilidad y los precios internacionales del petróleo y los combustibles, pero también el encarecimiento de productos que dependen de los derivados del petróleo, como los fertilizantes agrícolas.
A esto se suman los efectos de la sequía asociada con el fenómeno de El Niño, que ha afectado la producción agrícola y presionado los precios de los alimentos.
Para Coyoy, el alcance final de este episodio todavía no está definido porque tampoco está claro cuánto durarán los factores geopolíticos y climáticos que están alimentando el shock.
LECCIÓN 2: APRENDER A VIVIR CON UNA CRISIS PROLONGADA
Guillermo Díaz, analista de la Universidad Rafael Landívar, lo explica de la siguiente manera: “el rápido aumento desde marzo de 2026 en los combustibles no muestra indicios de revertirse hacia precios previos. El consumidor debe acostumbrarse a una mayor factura mensual”.
¿Por qué no baja? El mercado petrolero mundial sigue tensionado. La Agencia Internacional de Energía (IEA) estima que en el tercer trimestre de 2026 la oferta global quedó 1.8 millones de barriles diarios por debajo de la demanda, mientras las existencias observadas acumularon una caída de 507 millones de barriles desde febrero.
El problema también se ha trasladado a los combustibles refinados. En Rusia, los ataques a sus refinerías redujeron el procesamiento de crudo a 3.8 millones de barriles diarios en junio, 30% menos que un año antes.
La producción de diésel en Rusia cayó cerca de 30% interanual, mientras las exportaciones marítimas mundiales de gasóleo y diésel promediaron 4.7 millones de barriles diarios entre enero y agosto de 2026, un 10% menos que en el mismo período de 2025.
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La IEA señaló que la caída de las exportaciones rusas está aumentando la presión sobre un mercado internacional de diésel que ya enfrenta una oferta más limitada.
A esto se suman las dificultades del transporte marítimo y las interrupciones en las rutas internacionales de suministro. La IEA advierte que las disrupciones en los flujos de crudo desde Medio Oriente, junto con la elevada utilización de las refinerías y los mantenimientos previstos, dejan poco margen para aumentar rápidamente la producción de diésel.
El resultado es un mercado de destilados medios más ajustado, con mayores presiones sobre los precios.
Para Díaz, el problema ya no es solo cuánto sube el combustible, sino cómo cambia el comportamiento de quienes lo utilizan.
Las proyecciones de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) apuntan a que el petróleo de Texas o WTI podría mantenerse elevado al cierre de 2026 y todavía superar los USD 70 por barril en 2027.
En ese escenario, el precio de la gasolina en Estados Unidos también permanecería por encima de los niveles registrados antes del conflicto.
Díaz señaló que los consumidores ya están reaccionando. El consumo promedio de gasolina por vehículo pasó de 8.5 galones en julio de 2025 a 8.0 galones en julio de 2026, una reducción de medio galón.
En el caso del diésel, la caída fue mucho menor, de apenas 0.1 galones, lo que refleja una diferencia importante: mientras algunos conductores pueden reducir o modificar el uso del automóvil, el diésel está más vinculado al transporte de carga y de pasajeros.
Como resume Díaz: “quien se sube al carro ya no se baja”. Hacia el cierre del año aparece otro factor estacional: durante el invierno del hemisferio norte, la demanda de destilados aumenta por el uso de combustibles para calefacción, lo que puede mantener presión sobre el mercado del diésel.
La lección de 2008 y 2020 fue que la recuperación es lenta. EE. UU. creció solo 2% promedio los 4 años post-2009.
Esperar que la gasolina regrese a Q25 porque el Congreso quitó impuesto es repetir el error: el shock es externo, no fiscal, apunta el analista.
LECCIÓN 3: EL CRECIMIENTO DE 4% PUEDE NO LLEGAR Y HAY QUE PREPARARSE
Ramón Parellada, del CEES, pone el contrapunto de cara al año electoral: “De cara al año electoral, la economía siempre se mantiene estable y resiliente. Incluso durante la pandemia de la COVID-19 no se vio un impacto abrupto. El país crece a pesar de todo, incluso del Gobierno, refirió.
Sin embargo, dijo, crecer al 4% parece bueno, pero para un país pobre es insuficiente. Hay que apuntar a doble dígito, desregular y quitar camisas de fuerza. «Tenemos homicidios en 16 por 100 mil, Europa está abajo de 1”, dijo.
Su tesis: el poder está en la gente, no en subsidios, lo cual citó al referirse a la coyuntura.
REMESAS, LAS PROTAGONISTAS
Los analistas coinciden en que el aprendizaje de 2009 y 2020 es que las remesas sostuvieron hogares cuando todo cayó. Hoy siguen en USD 26 mil 807 millones proyectados para 2026, pero podrían estancarse en 2027. El mensaje: ese colchón se encamina a reducirse.
Coyoy considera que el principal desafío estructural de Guatemala es su dependencia de factores externos. Identifica cuatro vulnerabilidades:
- Remesas: ya superan el 20% del PIB y financian una parte importante del consumo nacional.
- Exportaciones: están concentradas principalmente en Estados Unidos y Centroamérica, por lo que la evolución de esos mercados tiene un impacto directo sobre la economía guatemalteca.
- Combustibles e insumos: Guatemala depende de los mercados internacionales para abastecerse de combustibles, fertilizantes y otros productos relevantes para la economía nacional.
- Financiamiento externo: el Gobierno y el sistema financiero nacional tienen una mayor vinculación con los mercados internacionales mediante la colocación de bonos. Esta exposición puede cobrar relevancia si las tasas internacionales permanecen elevadas.
Coyoy señaló, por ejemplo, que las tasas de interés de los bonos de largo plazo en Estados Unidos han superado el 5%, aunque todavía no está claro cuándo podrían bajar.
La lectura de Coyoy lleva la discusión más allá del precio de la gasolina: el riesgo para Guatemala no está únicamente en cuánto cuesta llenar un tanque, sino en cuánto tiempo puede mantenerse la presión simultánea sobre combustibles, alimentos, fertilizantes, financiamiento y remesas.
Tanto Diaz como Parellada, coincidieron que Guatemala no se cayó en 2008, 2020 ni 2023, por su resiliencia, pero, coincidieron en la necesidad de diversificar la matriz energética. De momento, djeroncada shock de Ormuz volverá a poner al país contra la pared en cada elección.
2026 es el año del shock petrolero, 2027 puede ser el año del alivio parcial si el precio del petróleo baja a USD 71 por barril, una estimación que el mismo Banco de Guatemala prevé.
Pero la historia de 20 años dice: el mundo se recupera lento, mientras que los indicadores de Guatemala resiste.
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