Por delante de Matvey Safonov, Thibaut Courtois y David Raya, estuvo él. Unai Simón. Tras alcanzar el récord histórico de haber jugado 650 minutos en una Copa del Mundo sin encajar un solo gol, el portero del Athletic Club se coronó como mejor portero del mundo en la gala del Balón de Oro.
Y lo hizo con un emotivo discurso que no olvidó nada: hubo familia, pareja, amigos, compañeros y, por supuesto, afición. Unai Simón comenzó celebrando el “orgullo” que suponía levantar el premio, que calificó de imposible “si no fuera por la ayuda de muchas personas”. “A mis padres y a mi hermano, por haberme educado con unos principios y valores que me hacen ser la persona que soy ahora”, comenzó. Su padre, guardia civil nacido en Zamora, acabó siendo destinado en País Vasco donde conoció a la madre del jugador, ‘ertzaina’.
“A mi novia”, continuó, porque ella estaba presente en la gala —la pareja ha sido bastante discreta ante los medios, con excepciones durante el Mundial—. Ella, que ha sido “ese oasis de tranquilidad que muchas veces en este mundo tan caótico todos necesitamos”. “Y yo lo he encontrado en ella”.
Unai Simón también ha tenido palabras para quienes han sido sus amigos de toda la vida, la “cuadrilla” de su infancia con la que sigue quedando después de 20 años: “Ellos me hacen entender que muchos de los que estamos en esta sala somos unos privilegiados de la vida que tenemos, en la sociedad en la que vivimos, y me hacen mantener los pies en la tierra”.
Era obvio que los agradecimientos acabarían en el fútbol: “Evidentemente a todos los entrenadores, a Luis de la Fuente [que también ganó el premio a mejor entrenador del año en masculino en la gala del Balón de Oro], a Ernesto Valverde, a Luis Enrique. Y a todos los compañeros de la Selección, Joan, David… sin vosotros hubiese sido imposible obtener el premio que hemos obtenido este verano, uno de los veranos más bonitos de nuestra vida.
“Y a todos los compañeros del Athletic, en especial a Óscar de Marcos, Iñigo Lekue y Gorka Guruzeta, tres de las personas más maravillosas que me ha regalado el fútbol”, ha continuado. El portero del Athletic también ha aprovechado para agradecer al fallecido Koldo Asua, quien trabajó en Lezama durante más de una década, y quien le enseñó “a entender el fútbol de una manera diferente”. “Me enseñó que más allá de títulos, de ganar partidos y de reconocimientos individuales, lo importante es el legado que uno deja cuando esto acabe, el ser reconocido por ser buenas personas y buenos compañeros, más allá de los triunfos que tengamos”.
Y ese ejemplo, dice, lo tiene en casa: “Ángel Iribar, el ‘txopo’“. “A sus 83 años seguimos recordando los que nos ha dado, nos da y nos seguirá dando”, ha señalado, en referencia al que ha sido el jugador con más partidos en la historia del club, portero de 1962 a 1980, y actual presidente de la asociación de veteranos del Athletic.
“Junto a ellos he aprendido a amar a un club como es el Athletic, que me ha dado todo”, ha seguido, antes de agradecer a “todos los presidentes” con los que ha coincidido y con quienes también ha aprendido a “amar sus colores, su historia y sobre todo, a una afición a la que le estoy eternamente agradecido”. “Por todos ellos estoy aquí recibiendo este premio”.
