La reunión del G7 es uno de los clubes más exclusivos del mundo. Los líderes de las naciones mas poderosas se reúnen estos días en Francia. Entre los temas que no hablarán en la mesa está que Trump llega con una popularidad bajísima y muchos objetivos frustrados en su acuerdo preliminar con Irán; o que Macron quiere liderar la autonomía estratégica europea, pero apenas logra liderar Francia en el ocaso de su mandato; que Starmer podría perder su puesto de primer ministro británico en pocas semanas; que Meloni ha pasado de ser la mejor amiga de Trump a distanciarse de él ahora que es tan impopular en Italia; y Merz ya está en crisis en apenas un año de canciller y la ultraderecha alemana está en auge. El G-7 es una ostentación del poder lleno de debilidades.
El único del G-7 al que le va bien es a Carney, el canadiense; Takaichi, la nueva primera ministra de Japón, también está fuerte, pero el cierre del estrecho de Ormuz ha puesto en mucha tensión la economía japonesa.
Aunque la verdadera reunión del poder con el poder se va a producir cuando hoy se sienten a la mesa del G-7 los principales ejecutivos de las empresas de Inteligencia Artificial. En la era de la IA el poder ya no es lo que era.
Buena parte del G7 come hoy con Dario Amodei, líder de Anthropic. Y Sam Altman (de OpenAI), Demis Hassabis (DeepMind) y Arthur Mensch (Mistral). Tienen como agenda oficial el crecimiento económico y la resiliencia social, que suena mejor que llamarlo ‘cómo el futuro del mundo está en pocas manos de las tecnológicas que concentran el poder de la IA y a los que nadie ha votado’.
O ‘cómo la dependencia a la IA estadounidense pone en peligro la ciberseguridad global’. Estados Unidos ha prohibido que en Europa podamos utilizar la ultima tecnología de Anthropic. Cuenta Político que la disputa será el “tema tabú” en la sala. Lo más interesante del G7, más que los temas que tratan, son los que no.
¿Moraleja?
En el G7 ya no son 7
la IA se sienta al banquete
