Este incremento se debe, principalmente, a los precios de la energía, que subieron un 21,2% interanual, tras un incremento del 16,7% en agosto, impulsados por los de los productos derivados del petróleo y el gas.
Además, el coste de los servicios aumentó un 2,2% desde el 1,9% del mes anterior, principalmente debido a una disminución estacional menos marcada en los precios de los servicios de alojamiento y transporte que en septiembre de 2025, mientras que el de los alimentos frescos se disparó un 9,9%, frente al 5,9% de agosto. Por el contrario, los precios de los bienes manufacturados cayeron un 0,3%, en comparación con el descenso del 0,4%.
En cuanto al Índice Armonizado de Precios al Consumidor, se situó en el 3,4% en septiembre, tras el 2,6% registrado en agosto, también por encima de las previsiones.
Como destacan desde ING, a diferencia de otros países europeos, Francia no ha introducido reducciones generalizadas en los impuestos o precios de los combustibles.
“En su lugar, el Gobierno ha optado por medidas de apoyo específicas, que respaldan los ingresos de ciertos hogares y sectores, pero no reducen directamente la inflación. Por lo tanto, el alza de los precios mundiales del petróleo se ha trasladado de forma más directa a la inflación francesa. Sin embargo, el aumento de los precios del gas en el mercado, observado en septiembre, aún no se ha reflejado completamente en los precios que pagan los hogares y debería seguir impulsando la inflación energética en los próximos meses“, indican.
En opinión de los analistas de la entidad, las cifras actuales sugieren que la inflación “probablemente se mantendrá por encima del 3% durante el resto de 2026, antes de descender gradualmente en 2027″.
No obstante, creen que el aumento de la inflación general en Francia “enmascara presiones inflacionarias subyacentes que siguen siendo relativamente débiles y deberían mantenerse por debajo del 2%”. Por lo tanto, excluyendo el sector energético, “la inflación debería mantenerse más controlada que en el resto de la eurozona“, dicen.
“El repunte de la inflación volverá a lastrar el poder adquisitivo y retrasará la esperada recuperación del gasto de los hogares. Tras la contracción del PIB del 0,2% en el primer trimestre y su estancamiento en el segundo, el riesgo de otro trimestre de estancamiento ha aumentado considerablemente. En este contexto, la previsión del Gobierno, recientemente revisada, de un crecimiento del 0,5% para 2026 ya parece demasiado optimista. El impacto inflacionario llega precisamente cuando la economía francesa menos puede permitírselo“, aseguran.
