En el caso de Francia, Scope apunta al deterioro sostenido de las perspectivas fiscales, con déficits persistentemente elevados, una deuda pública creciente y mayores costes de financiación, en un contexto político “fragmentado que dificulta avanzar en la consolidación fiscal y las reformas estructurales”.
“Además, el fuerte aumento de los rendimientos de los bonos del Estado desde enero de 2026 incrementará aún más los costes de financiación, lo que limitará aún más la flexibilidad presupuestaria y aumentará la magnitud del ajuste necesario para estabilizar la deuda pública”, añade.
Scope prevé “que la fragmentación política se mantenga elevada más allá de las elecciones presidenciales de 2027, lo que complicará la considerable consolidación fiscal necesaria para estabilizar la deuda pública y aumentará el riesgo de que las medidas se diluyan, se retrasen o solo se apliquen parcialmente en los próximos años”.
Por el contrario, la mejora de Grecia refleja “la rápida reducción de su deuda y el fortalecimiento de su resiliencia económica, apoyados en sólidos superávits primarios, una gestión fiscal prudente y un crecimiento que ha venido superando al de la zona euro“.
Scope espera que los resultados fiscales de Grecia sigan situándose entre los más sólidos de la UE, con un superávit total previsto de alrededor del 3,0% del PIB en 2026 y un superávit primario cercano al 4,1% del PIB.
“No obstante, a carga de deuda pública de Grecia sigue estando entre las más elevadas de la zona euro y continúa limitando su perfil crediticio soberano frente al de otros países comparables con ratings superiores. En el escenario base, se prevé que la deuda pública disminuya desde el 145,7% del PIB en 2025 hasta el 110% en 2031“, concluye.
