Estrenada en 1972, ‘El padrino‘ es una de esas películas cuya reputación parece quedar por encima de cualquier reproche. El clásico de Francis Ford Coppola se ha convertido en un referente de la historia del cine gracias a su retrato de la familia, el poder y la violencia, pero también a una puesta en escena que encuentra su grandeza en los pequeños detalles.
Gran parte de su fuerza reside en los momentos cotidianos que permiten conocer mejor a los Corleone, más allá de los grandes acontecimientos que marcan la trama. Pero tal y como ocurre con muchas producciones de esta envergadura, el montaje obligó a dejar fuera escenas que no pasaron el corte. Algunas de esas decisiones fueron acertadas, pero hay una secuencia eliminada que podría haber añadido una dimensión especialmente conmovedora a la película: la reacción de Sonny Corleone ante la noticia de que su padre ha sido asesinado.
Ojalá profundizar en el personaje de Sonny Corleone
La producción de ‘El padrino’ es conocida especialmente por los enfrentamientos que hubo entre Coppola y Paramount, más bien relacionados con la duración de la película. Según explicó el director en los comentarios del DVD, Robert Evans le advirtió de que el estudio intervendría en el montaje final si entregaba una versión que superase las dos horas y quince minutos. Coppola terminó enviando una de aproximadamente dos horas y veinte, aunque el proceso de montaje siguió soportando mucha presión.
El cineasta había rodado mucho material y tuvo que renunciar a numerosas escenas, algunas de las cuales desarrollaban con más calma las relaciones entre los personajes. Es cierto que la película conserva, aun así, pequeños intercambios que resultan esenciales para entender a los Corleone, como Clemenza enseñándole a Michael a preparar salsa de tomate o la conversación entre Vito y su hijo sobre la posibilidad de que este llegara a ser senador.
De hecho, muchas de las secuencias descartadas repetían información que el montaje final ya transmitía con eficacia. Es el caso de algunos momentos como el enfrentamiento entre Sonny y Carlo, el marido de Connie, cuyo comportamiento violento despierta la indignación del hermano mayor. La película aborda este conflicto sin necesidad de mostrar cada uno de sus episodios, pero la actitud de Vito está definida por su insistencia en no interferir en el matrimonio de otro hombre.
Sin embargo, hay una escena eliminada que aporta un matiz distinto y que aunque no hace avanzar la trama ni revela información imprescindible, utiliza los silencios, los gestos y la composición visual para transmitir el impacto de una noticia que podría cambiarlo todo.

La secuencia comienza cuando Sonny recibe una llamada en la que le informan de que han disparado a su padre. Al llegar a casa, se lo comunica a su madre, Carmela. Ella no sabe quién está detrás del ataque ni cuál es el verdadero estado de salud de Vito. Su reacción, sin embargo, dista mucho de la que cabría esperar ante la posibilidad de perder a su marido. Coppola evita mostrar su rostro en primer plano y se limita a filmarla desde atrás mientras anuncia: “Voy a cambiarme, por si acaso lo vemos”.
No hay gritos ni un estallido de angustia. La calma de Carmela transmite la impresión de que conoce demasiado bien el mundo en el que vive y de que la violencia que rodea a su familia no es una amenaza nueva, sino una realidad con la que lleva conviviendo durante años.
Después de comerse un trozo de pan, Sonny se dirige al despacho de su padre. Allí, la fotografía de Gordon Willis convierte el espacio en una imagen cargada de significado y el sillón vacío de Vito permanece envuelto en sombras mientras su hijo ocupa un lugar junto al escritorio. La escena muestra a Sonny asumiendo las responsabilidades en un momento de incertidumbre, pero también deja claro que el poder de su padre sigue pesando sobre él. Sonny es el mayor de los hijos y parece destinado a ocupar su posición, aunque su temperamento explosivo contrasta con la autoridad calculada de Vito. La silla vacía funciona así como una presencia constante, un recordatorio de la figura a la que debe sustituir y de la distancia que todavía le separa de ella.
Por otro lado, la secuencia también habría ofrecido una perspectiva diferente sobre James Caan, cuya interpretación de Sonny fue una de las más recordadas de su carrera y le valió una nominación al Oscar como actor de reparto. En este momento, el personaje aparece despojado de buena parte de su habitual agresividad y de su tendencia a reaccionar con bromas o arrebatos. Su manera de organizar la protección de su padre por teléfono transmite desconcierto y preocupación, revelando una faceta más vulnerable. La escena habría reforzado, además, una de las ideas centrales de ‘El padrino’: la violencia forma parte de la vida cotidiana de los Corleone, incluso cuando sus consecuencias se afrontan sin aspavientos.
Sonny intenta ocupar el lugar de Vito, pero todavía no posee la serenidad ni la capacidad de liderazgo necesarias para hacerlo. El destino del personaje terminará confirmando esa diferencia, mientras que Michael, el hijo que en un principio había renegado del negocio familiar, demostrará que sí que tiene lo que hace falta para ocupar el puesto.
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La noticia
Esta escena de ‘El Padrino’ fue eliminada por F.F. Coppola pero merecía pasar el corte: habría dado una nueva dimensión a uno de sus personajes más importantes
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Espinof
por
Belén Prieto
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