Qualcomm comenzará a suministrar la tecnología y el equipo en 2027, la cual SpaceX prevé desplegar en decenas de miles de emplazamientos celulares durante los próximos años. Las capacidades aportadas por Qualcomm servirán para complementar la constelación de satélites de baja órbita de Starlink, negocio que generó el 36% de las ventas y más del 80% del beneficio operativo de la compañía aeroespacial y de inteligencia artificial (IA).
Pero eso no es todo. En los últimos días se ha especulado con que SpaceX estaría negociando con Crown Castle para asegurarse al menos 80.000 emplazamientos de antenas en todo Estados Unidos. Todos los indicios parecen apuntar a que Musk está preparándose para construir una infraestructura terrestre que le permita plantar cara al trinomio formado por AT&T, Verizon y T-Mobile, que dominan con mano de hierro el mercado estadounidense desde hace décadas. ¿Pero puede realmente SpaceX plantarle cara a estos tres gigantes de las telecomunicaciones?
LA ESTRATEGIA DE MUSK
Tras una conversación con el profesor William Webb, experto en tecnología digital y autor de obras como ‘Beyond the Tower’, Berenberg cree que SpaceX ha entendido que sus satélites necesitan de una estructura terrestre si quiere que esta empresa tenga éxito, y viceversa.
Durante años, Starlink ha construido su principal ventaja competitiva sobre un hecho sencillo sobre el papel: llevar Internet a donde el resto no llega, bien sea por capacidades o por rentabilidad económica. En este sentido, los servicios satelitales D2D (directo al dispositivo, Direct-to-Device) “tienen un valor evidente”, ya que pueden ofrecer servicios de voz y datos limitados en estas zonas. No obstante, estas capacidades caen “drásticamente” en las zonas urbanas debido a la falta de espectro radioeléctrico, al tamaño de los haces de cobertura y a la deficiente cobertura en interiores.
Berenberg cuestiona la posibilidad de resolver estas limitaciones mediante el despliegue masivo de pequeñas estaciones celulares o ‘small cells’. Aunque estos equipos pueden instalarse en farolas, fachadas y otros emplazamientos urbanos, cada celda tiene una cobertura reducida, por lo que un operador necesita desplegar un número desproporcionadamente elevado de ellas para conseguir una cobertura amplia. Y esto, subraya la entidad alemana, “podría no tener sentido desde el punto de vista económico”.
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El problema, agregan estos expertos, no es el coste de las pequeñas estaciones en sí, sino el coste de su instalación, los permisos, el alquiler de los emplazamientos, el suministro eléctrico y las conexiones de retorno (‘backhaul’). “Incluso si el coste de cada celda fuera cero, los costes totales de la red podrían seguir siendo prohibitivos“, destacan. Otras soluciones, como utilizar los coches de Tesla para que actúen como pequeñas estaciones celulares, también serían complicadas, pues la cobertura sería irregular y la gestión de la red resultaría compleja, ya que tanto los teléfonos móviles como las estaciones estarían en movimiento.
Ahí es donde entra el acuerdo con Qualcomm. El pacto suscrito con la tecnológica californiana contempla el suministro de plataformas de infraestructura celular Dragonwing, equipos de radio, unidades de procesamiento y software. La tecnología incluye sistemas Massive MIMO con 64 canales de transmisión y 64 de recepción (64T64R), diseñados para mejorar la cobertura, la capacidad y la eficiencia espectral.
La elección de Massive MIMO también tiene una lectura estratégica. Esta tecnología utiliza múltiples antenas para dirigir y gestionar las señales de radio de forma más eficiente, aumentando la capacidad de una estación base y permitiendo atender a más usuarios con los recursos disponibles.
¿MERECE LA PENA?
No obstante, si SpaceX termina construyendo una red terrestre, ¿dónde está su ventaja competitiva? Es más, Berenberg señala que, si bien tecnología satelital podría reducir marginalmente el número de celdas necesarias en las zonas rurales, los 80.000 emplazamientos que se rumorean equivalen, más o menos, al número que utilizan los tres grandes operadores estadounidenses.
Además, el despliegue de una red requiere personal, equipos, permisos y conexiones de retorno mediante fibra óptica, ya que los satélites no son suficientes y Starlink también necesitará mucho más espectro radioeléctrico (más de 250 MHz adicionales) o tendrá que construir un mayor número de estaciones base.
Según sus estimaciones, el despliegue de la red podría costar unos 50.000 millones de dólares. Si se suma lo que debería invertir para adquirir una cantidad de espectro comparable a la de otros operadores, entre 320 y 380 MHz, la compañía podría tener que invertir hasta 100.000 millones de dólares. Y, a diferencia de lo que pasa en Europa, los precios del espectro en Estados Unidos “podrían dispararse si Starlink se propone ofrecer servicios de telefonía móvil”.
Y a eso habría que sumar una estructura comercial capaz de captar abonados y facturar a los clientes. Según ha informado ‘The Washington Post’, SpaceX estaría interesado en comprarle Boost Mobile a EchoStar, compañía con quien ya cerró la compra de las ya mencionadas licencias de espectro radiolectrónico. La compra de Boost permitiría a Musk hacerse con el control de una marca reconocida con una cartera de 7,5 millones de clientes y una estructura comercial que sería más difícil y costoso construir desde cero.
Con todo, Berenberg tiene dudas sobre si los planes de Musk llegaran a buen puerto. “Su estrategia, que parece haber evolucionado desde el desarrollo de un sistema de conexión D2D, pasando por pequeñas estaciones celulares, hasta llegar ahora a una red más tradicional, no parece estar clara. Si no escuchamos pronto una estrategia más coherente, sospechamos que podría deberse a que sencillamente no existe“, sentencian.

